
En esta festividad, queremos felicitar a las Hermanas "Hijas de Santa María del Corazón de Jesús", en su aniversario. Que Dios premie todo el esfuerzo de cada una de ellas, con abundantes vocaciones a la vida religiosa.
A nuestra Madre le encanta que le
llevemos flores, en especial las flores espirituales, así nos aconseja s.Felipe Neri, quien enseñaba a sus jóvenes que el mes mayo hiciesen obsequios a la virgen entre los que indicaba: adornar con flores sus imágenes, cantar alabanzas en su honor, realizar actos de virtud y mortificación.
Ahora podemos ofrecer una flor a nuestra Madre, pero en especial los que nacen de nuestro corazón.
"Con flores a María, que Madre nuestra es..."
Con estas palabras la constitución Lumen gentium reafirma las características del culto mariano. La veneración de los fieles a María, aun siendo superior al culto dirigido a los demás santos, es inferior al culto de adoración que se da a Dios, y es esencialmente diferente de éste. Con el término «adoración» se indica la forma de culto que el hombre rinde a Dios, reconociéndolo Creador y Señor del universo. El cristiano, iluminado por la revelación divina, adora al Padre «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23). Por último, en el mismo acto de adoración incluye al Espíritu Santo, que «con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria» (DS, 150), como recuerda el símbolo niceno-constantinopolitano.
Después de justificar doctrinalmente el culto a la santísima Virgen, el concilio Vaticano II exhorta a todos los fieles a fomentarlo: «El santo Concilio enseña expresamente esta doctrina católica. Al mismo tiempo, anima a todos los hijos de la Iglesia a que fomenten con generosidad el culto a la santísima Virgen, sobre todo el litúrgico. Han de sentir gran aprecio por las prácticas y ejercicios de piedad mariana recomendados por el Magisterio a lo largo de los siglos» (Lumen gentium, 67).
Con esta última afirmación, los padres conciliares, sin entrar en detalles, querían reafirmar la validez de algunas oraciones como el Rosario y el Ángelus, Regina coeli (pascua), practicadas tradicionalmente por el pueblo cristiano y recomendadas a menudo por los Sumos Pontífices como medios eficaces para alimentar la vida de fe y la devoción a la Virgen.
Por eso en el Seminario Menor veneramos a nuestra Madre con pequeños detalles; cantos, periódico mural, leer un párrafo de un libro mariano todos los días, recitar el acordaos. etc.